Maté mis dudas de emprendimiento en una entrevista de trabajo

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¿Recuerdan cuando estaban en la escuela haciendo un examen y creían que tenían la respuesta a una de las preguntas pero no estaban seguros así que la cambiaban en el último momento solo para descubrir que la primera respuesta era la correcta y ahora la tienen mala? Bueno así, ese es el resumen de los últimos 2 años de mi vida.

En el 2015 decidí que prefería ser libre a tener dinero, hoy me dijeron que eso era algo de los llamados millennials. Técnicamente sí, yo entro en esa generación pero no estaba de acuerdo con la lección que pretendía darme este individuo.

Por 24 meses he cuestionado mi necesidad de libertad, de manejar mi propio tiempo, de trabajar “con” y no “para”. Por 24 meses he llorado por no ser normal, por no poder conformarme con el rol que se supone debo asumir y para el que pasé tantos años preparandome en la escuela.

En noviembre del 2015 decidí que quería trabajar por mi cuenta y tener mi propio negocio. Pasé meses preparando todo lo que necesitaba, creando las cuentas en redes sociales, website y documentación, solo para rendirme en abril del 2016. Mi aventura duró 5 meses (4, si tomamos en cuenta que me fui por un mes de paseo a Europa).

Me rendí fácil, llena de dudas acerca de mi propia capacidad para lograrlo. Muchos no saben esto, pero suelo ser mi peor enemiga. Es una batalla interna que podemos representar con un yin yang en donde el bien y el mal se pelean por toda la eternidad. Es una batalla que aún al ganarla, perdería… Pero esa es otra historia.

En abril del 2016 decidí buscar empleo y 2 semanas después ya formaba parte del equipo de trabajo de una agencia de publicidad en Panamá con el salario más alto que había tenido hasta el momento. Estaba feliz, pensé ¿ves? no podías, por eso ahora estás mejor, trabajando para otros.

Asumí mi rol tan bien que terminó consumiéndome, con el paso del tiempo me di cuenta que estaba dándolo todo por el sueño de otro, sin siquiera ser apreciada. Supongo que es más fácil subirse a un barco que construir uno, pero cuando el barco ajeno se estrelló, me di cuenta de que era tiempo de empezar a martillar.

Al principio fue muy difícil, yo quería seguir montada en los barcos ajenos, pero esos barcos no iban a mi destino. Después de meses de lucha en contra de la corrupción del Ministerio de Trabajo en Panamá, mejor conocido como MITRADEL y la agencia en la que dejé lagrimas, sudor y sangre, terminé igual o peor que cuando empecé monetariamente y con el ánimo por el piso, pero eso sí, con mi integridad intacta.

Me tomó un tiempo decidir qué hacer con mi vida después de ese fiasco, de hecho lo dejé a la suerte, empecé a buscar empleo y clientes a la vez. El 1ro de septiembre del 2017 empecé con ambos al mismo tiempo. Y fue así como llegué a otra agencia y conseguí mi primer cliente fijo.

Con solo una semana de estar en la agencia fui recordada que era una simple empleada de manera condescendiente (rayando en racista). Esa fue la última vez que me vieron, aunque no la última vez que escucharon de mí pues los tuve que corretear por casi un mes para que me pagaran la semana laborada.

Pero la relación con mi cliente sigue viento en popa, vamos de la mano ya que me ve como su igual y el respeto es mutuo. Ese tipo de confianza no se compra. Pero cada cierto tiempo mi peor enemiga vuelve con sus dudas, y así fue como hace un par de meses decidí aplicar a trabajos de medio tiempo.

Según Konzerta, un sitio web de búsqueda de empleos en Panamá, las empresas ni siquiera han visto mi hoja de vida, y eso que apliqué hace meses. Aún así, alguien me llamó para un trabajo relacionado a un proyecto secreto de publicidad y decidí ir a la dichosa entrevista.

Todo empezó como de costumbre hasta que me preguntó que por qué decidí dejar una empresa en la que me pagaban 3 veces más de lo usual para trabajar por mi cuenta, traté de explicarle que mis prioridades incluyen más que solo dinero, pero él no estaba interesado en mi respuesta.

La conversación pronto se transformó a básicamente un regaño y empezó a compararme con sus hijos que aparentemente son millennials también, lo cual me causó mucha gracia por lo siguiente: el apellido que me cargo no es más que un adorno, mi familia no tiene un centavo en comparación con la de él que son dueños de medio Panamá.

Él piensa que mi generación todo lo quiere fácil, siendo el punto de referencia los hijos que él mismo crió, y que ahora es cuando debemos trabajar más duro para luego jubilarnos, o sea nadar con la corriente. Me dijo que seguramente mis padres me mantenían y que por eso pensaba de forma tan liberal, pero no me enojé porque pude ver que él pensaba que me estaba aconsejando.

La verdad es que tal vez sus hijos la tuvieron fácil, pero yo no, desde que nací hasta mi ADN está en mi contra, todo lo que he hecho y tengo: la beca, ser bilingüe aunque estudié en escuela pública, los más de 10 países que he visitado, mi relación estable, mi perro jaja ¡TODO! Lo he logrado con mi propio esfuerzo y aún viniendo desde abajo puedo mirar mis manos y saber que no están sucias.

¿Puede su familia decir lo mismo? Seguro que no, pero no importa porque son pudientes.

Estoy segura de que dije algo que activó el “daddy mood” (modo papá) y por eso me dió el sermón de la importancia del dinero, pero me pareció que la interacción estuvo fuera de lugar tomando en cuenta que estabamos en una entrevista laboral.

Al final de la reunión ambos sabíamos que no funcionaría. Mirándome a los ojos me aseguró que no estaban contratando aunque literalmente estaban entrevistando con una rapidez que denotaba falta de personal. Tranquilo, que yo tampoco estaba buscando trabajo, la razón por la que fui a la entrevista es porque sentía dudas acerca de si mi futuro está o no en el emprendimiento, y hoy me quedó claro.

Se preguntarán ¿por qué aparecieron las dudas nuevamente? Fácil, porque estoy apunto de entregar mi examen. Les cuento que estoy trabajando en varios proyectos incluyendo la consolidación de (ahora sí): Mi primera empresa.

No más entrevistas, no más hojas de vida, no más formularios estúpidos que preguntan lo mismo que ya está en mi hoja de vida, no más buscadera de records policivos, no más pedirle a ex compañeros o jefes que me den recomendaciones, no más pruebas tontas, no más orine en contenedores para ver si estoy embarazada, no más.

Hace 2 años descubrí eso pero aún así no confíe en mí misma, preferí dejarme llevar por la corriente y la tranquilidad de recibir un cheque cada 15 días. Después de tanto tiempo tratando de pelear mi destino, ahora entiendo que debo trabajar duro para lograr mis sueños aunque tenga mil dudas. Debo ahogar mis propias críticas y seguir adelante para alcanzar mis metas.

Excelente forma de terminar el primer mes del 2018, ¿no?

Y a ustedes, ¿cómo les va?

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